Los Laberintos del s.XXI

Nadie en este mundo sea soltero o emparejado se libra de salir a la compra. A mí particularmente me gusta ir sola, suelo ir a tiro hecho pero hace unos días me planteaba lo siguiente: “para qué narices nos ponen laberintos como si fuéramos ratas de un experimento”.

Entré en una conocida cadena, la verdad, estaba haciendo tiempo ya que en media hora o más había quedado con una amiga para tomar algo y ponernos un poco al día. ¡Qué podía hacer! ¡Tiendas! Es lo más socorrido en casos como éste, así que… eso hice. Entré, cogí mi cestito y empecé a hojear los artículos, recordé alguna cosita que me hacía falta y para qué negarlo, compré la típica chorradita que no tenía pensado comprar… El fantástico Marketing de los supermercados funciona, vaya que si funciona!.

El caso es que después de recorrer los pasillos en el orden exacto en el que se me marcaba y estando ya casi cerca de la caja me acordé: “¡Mierda!, ¡el cepillito para uñas!. Para mí era caso de vida o muerte, lo necesitaba… y dónde estaba tan preciado artículo. ¡Bingo!, en la planta de arriba y yo ya estaba en la cola de caja en la planta de abajo.

Por mi pensamiento pasaron ideas como:

– Agarrar bien mi cestito y saltar algunas estanterías para tardar menos, subir, coger el cepillito y recuperar mi puesto en la cola.

– Llamar a un encargado y pedirle amablemente que me bajara el producto, aunque esta no me sirvió. Todos estaban en caja, había jaleo… así que… desestimada.

– Y la tercera opción que me planteé fue llamar a Superman para que me subiera en un momentito y me volviera a dejar en mi puesto. Supongo que ya imagináis que ésta tampoco era posible.

Y por fin la que triunfó: ser yo misma la que hizo tooodo el recorrido a la inversa, ordenada y cívicamente para subir las escaleras y buscar el cepillo en la planta de arriba. Buscarlo sí, buscarlo, sabía que estaba arriba pero no tengo memorizada esta tienda por lo que tuve que recorrer los pasillitos también en esta planta ( ya imagináis que compré alguna cosa más de la que iba buscando) y volví a bajar para hacer cola de nuevo. No me digáis que cuando esto ocurre no os sentís como un ratón en un experimento.

En cualquier caso de esto aprendí dos cosas:

1) hacer una lista de las cosas necesarias evita que me recorra la tienda de una punta a otra 20 veces por culpa de los olvidos.

2) la próxima engaño a alguien y lo mando a buscar el producto mientras mantengo el sitio en la cola.

3) necesito un novio para estos menesteres… (jajaja)

Ups! Acabo de ver un chico muy guapo que entra en la tienda de enfrente. Me parece que he olvidado comprar la lámpara que necesitaba… parece que él va a la planta de arriba, sí creo que están arriba (guiño, guiño).

 

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