EL MEMBRILLERO MÁGICO

      Mientras llegaba a la que fue su casa me pareció ver a alguien que se escondía pero no tuve tiempo de ver quién era. Pensé que habían sido imaginaciones. Así que entré como cada sábado para devolverle a ese hogar la  vida    perdida.
Hay algo que siempre hago y es salir al jardín para regar y recoger algunas flores. Digamos que considero un sacrilegio volver a la urbe sin un ramo de flores de ése jardín. Es como si me la trajera a ella cada       fin     de     semana.
Nada más salir hay un montón de gatos, unos huyen y los más mansos me esperan, quieren comida y se la doy gustosamente. Después toca empezar a preparar la manguera para que a cada ser vivo le llegue un chorro de vida. Están los tulipanes, los cerezos, las rosas, los manzanos… Al alzar la vista la veo, está apoyada en el membrillero mirándome, ¡no puedo creerlo! Creía que se había marchado para siempre. Cuando me acerco, me froto los ojos para ver si es un sueño, me   pellizco…
Cuando los abro sigue allí, continúo acercándome, ¡no puede ser! ¡O si!… y cuando estoy a apenas unos centímetros me paro para observarla.
No estoy segura de sí es ella y lo único que hace es mirarme. Me pongo a llorar, no puedo parar e instintivamente le abro mis brazos. “¿Eres tú?”- le pregunto. Solo obtengo silencio. “¿Eres tú?”- insisto. “¡Dime algo por favor! . Te he echado mucho de menos ¿lo sabes?”. Silencio.
“No es ella, no pienses tonterías, es tu imaginación” – me digo-.
Es entonces cuando me coge de las manos y poco a poco dejo de tocar el suelo, damos vueltas y vueltas. Sonríe y le sonrío. Está conmigo otra vez o quizá nunca me dejó. Es maravilloso poder volar juntas. Me mira con esos ojos vivarachos, esas mejillas sonrosadas. Aún percibo en ella esa fuerza, esa personalidad de una luchadora que siempre quiso mucho a los suyos. Y damos vueltas y más vueltas… unas mariposas de colores nos rodean. Está llena de vida, algo    increíble    y  me    la    transmite.
“Te he echado mucho de menos”- vuelvo a decirle, esta vez en un susurro.
Continuamos subiendo cada vez más alto, me lleva por sitios inimaginables. No paramos de reírnos, es impresionante. “¡Más alto!¡Vamos más alto!”- le digo. Quiero que no se acabe nunca ése momento. Ella tira con fuerza de mí para llegar más alto, para irnos lejos… para recorrer otros mundos entre las nubes del cielo. Volamos entre nubes, aves… el Sol. Hay vida allá arriba y ella quiere enseñármela para que esté tranquila. Aún le brillan los ojos y me emociona ver luz en su mirada, me emociona tenerla a mi lado cogiéndome la mano, volando y volando sin saber muy bien a donde, sin tener un destino cierto. Me agarro a ella con fuerza sabiendo que no me va a dejar caer. Vuela segura y me protege. Y damos vueltas y más vueltas… y es entonces cuando lentamente empezamos a bajar, a dejarnos caer, poco a poco, despacio, sin prisa… sigue sonriendo y me acaricia la cara hasta dejarme con cuidado y ternura en su hermoso jardín, al lado del membrillero donde nos volvimos a ver.

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