VAN Y VIENEN

Lloraba por la culpa, lloraba por haber vuelto para nada, lloraba por la pérdida.

Y así  pasaba los días, sin dormir, sin ganas de comer,… ¿por qué?.

Pasaron algunos meses hasta que Daniela resurgió de sus cenizas, volvió a ser ella.

Regresó con ella su sonrisa, la luz en su mirada, la picardía, la sensualidad. Probablemente no es que regresaran, si no que no se habían ido del todo, simplemente se escondieron por un tiempo.

A veces uno se resquebraja, se rompe, se erosiona porque también es necesario para volver a la vida renovado, con nuevas formas y colores. Con el alma transformada y toda la vida por delante.

Eso es lo que le ocurrió a Daniela.

“Daniela, los chicos van y vienen”- le dije. Y tal y como se fue Marcos, llegó (tiempo después) Aaron, sin saber, sin querer, sin pensar.

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